Última actualización el 16 julio 2025 a las 03:35 pm
Durante los meses más fríos, muchas personas notan un aumento en su dolor de espalda. Algunas incluso afirman que pueden predecir cambios meteorológicos simplemente por cómo se sienten. Pero ¿por qué ocurre esto? ¿Tiene el frío realmente un impacto directo sobre el dolor lumbar o cervical?
La ciencia del dolor lo define como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a una lesión real o potencial. Con esta base, los estudios científicos intentan determinar si factores como la temperatura, la presión atmosférica o la humedad afectan nuestra sensibilidad al dolor. La respuesta es que sí, y además de manera significativa. A continuación, exploramos cómo el frío puede agravar los síntomas de dolor de espalda y qué podemos hacer para prevenirlo.
SUMARIO
FACTORES AMBIENTALES QUE INFLUYEN EN EL DOLOR DE ESPALDA
El dolor de espalda puede verse influido por tres factores ambientales principales:
- Temperaturas bajas
- Alta humedad
- Descenso de la presión atmosférica
Diversas investigaciones han demostrado que estos cambios, especialmente el descenso de la temperatura, están relacionados con un aumento de los ingresos hospitalarios por hernias discales y otros trastornos musculoesqueléticos. Las condiciones meteorológicas extremas provocan cambios en nuestro organismo que pueden hacer que el dolor se intensifique.
¿QUÉ CAMBIOS FISIOLÓGICOS PROVOCA EL FRÍO?
El impacto del frío no es solo una percepción subjetiva. Existen cambios reales y medibles en nuestro cuerpo que explican por qué aumenta el dolor en condiciones de bajas temperaturas:
1. Aumento de la viscosidad del líquido sinovial
La columna vertebral está formada por múltiples articulaciones. Cada vértebra posee superficies articulares recubiertas por una cápsula que contiene líquido sinovial, un fluido encargado de lubricar las articulaciones. El frío hace que este líquido se vuelva más viscoso, lo que dificulta el movimiento articular y aumenta la fricción, generando dolor.
2. Incremento del tono muscular
Como mecanismo de defensa ante el frío, el cuerpo incrementa el tono muscular para conservar el calor. Sin embargo, esta contracción mantenida puede tensar ligamentos y tendones, lo que lleva a una mayor rigidez y a molestias en la zona lumbar o cervical.
EL PAPEL DE LA VITAMINA D EN EL DOLOR MUSCULAR
En invierno, no solo descienden las temperaturas. También disminuye la exposición a la luz solar, lo que se traduce en niveles más bajos de vitamina D en sangre. Esta vitamina es fundamental para la salud ósea y muscular, y su déficit se ha relacionado con un mayor dolor muscular y fatiga.
Pasar más tiempo en interiores y reducir la exposición solar puede provocar una caída significativa en la producción de vitamina D, lo que a su vez puede potenciar la percepción del dolor de espalda.
¿A TODAS LAS PERSONAS LES AFECTA EL FRÍO POR IGUAL?
No. El dolor es una experiencia subjetiva. Lo que una persona percibe como molestia, otra puede no identificarlo como dolor. Existen varios factores individuales que condicionan cómo nos afecta el frío:
- Adaptación al clima local
- Actividades al aire libre o en interiores
- Ropa utilizada
- Sensibilidad personal
- Estado físico general
Curiosamente, estudios indican que en países mediterráneos, donde los descensos de temperatura son menos extremos pero más perceptibles, el dolor de espalda por frío es más común que en regiones nórdicas, donde el cuerpo está más adaptado a las bajas temperaturas.
CONSEJOS PARA PREVENIR EL DOLOR DE ESPALDA EN INVIERNO
Prevenir el dolor de espalda asociado al frío es posible si tomamos una serie de precauciones:
1. Vístete por capas
Utiliza la teoría de las tres capas:
- Primera capa: ropa térmica que absorba la humedad y mantenga la piel seca.
- Segunda capa: materiales aislantes que retengan el calor.
- Tercera capa: prendas impermeables y transpirables para proteger del viento y la lluvia.
2. Protege las zonas sensibles
Usa guantes, bufandas y gorros. Aunque no lo parezca, la pérdida de calor por estas zonas es significativa y puede afectar la temperatura corporal general.
3. Evita las corrientes de aire
Incluso cuando se utiliza calefacción, evita colocarte justo al lado de aires acondicionados o fuentes de ventilación directa.
4. Alimentación adecuada
Evita comidas copiosas que desvíen el flujo sanguíneo hacia el estómago. Esto puede reducir la irrigación en extremidades y espalda, aumentando la sensación de frío.
El frío no solo afecta a nuestro estado de ánimo o energía, sino que puede producir cambios fisiológicos reales en nuestras articulaciones, músculos y sistema nervioso que provocan o agravan el dolor de espalda. Mantenernos bien abrigados, activos y con una buena exposición solar puede ser clave para reducir estas molestias durante el invierno.
BIBLIOGRAFÍA
- Conditioned Pain Modulation in Patients With Acute and Chronic Low Back Pain.
- Working in a cold environment, feeling cold at work and chronic pain: a cross-sectional analysis of the Tromso Study.
- Relación entre el cambio meteorológico y el dolor articular en un grupo de individuos